lunes, 19 de noviembre de 2012

El precio del Alcoholismo

El precio del Alcoholismo

El precio del Alcoholismo"¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez; que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende! ... y no miran la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos. Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento...Por eso ensanchó su interior el Seol, y sin medida extendió su boca". (Isaías 5.11-14)
¡QUE CONDENACION TAN ENERGICA contra la embriaguez! ¿No se tratará solamente de una hipérbole? (figura de dicción exagerada para enfatizar una afirmación).
¿O podríamos considerarla como representación real de todos aquellos que se aficionan al exceso de bebidas embriagantes?
La experiencia personal de todos los que tenemos contacto con personas que padecen de "problemas con la bebida" es prueba evidente de que el profeta hablaba con conocimiento divino, y que sus palabras son actualmente tan vivas y vigentes, como lo fueron hace siglos, cuando él expuso este cuadro terrible del bebedor habitual o alcohólico.

EL CRECIMIENTO ALARMANTE DEL ALCOHOLISMO EN EL MUNDO
Incontables naciones del mundo están bajo el azote del problema creciente del alcoholismo, y entre ellas está la de Estados Unidos de Norteamérica. Este país se ha preocupado y alarmado, y en los círculos más elevados del gobierno se ha iniciado una guerra sin cuartel contra este mal social y moral. La Escuela de Estudios sobre el Alcohol, de la Universidad de Yale, ha efectuado un estudio minucioso de los efectos de la embriaguez habitual sobre el individuo.
Las revelaciones obtenidas de dicha investigación son que el exceso de ingestión de bebidas alcohólicas era uno de los factores principales que contribuyen en un 20% del total de divorcios; un 25% de trastornos mentales y emocionales; un 37% de casos de familias que sufren indigencia; 47% de casos comprobados de explotación, malos tratos y descuido de los niños; 50% de delitos contra la sociedad. También, que un 50% de accidentes de tráfico de consecuencias fatales, son el resultado de que uno o ambos de los que manejan los vehículos se hallan bajo la influencia del alcohol. Tales resultados, en una nación donde se calcula que existen más de cinco millones y medio de alcohólicos, evidencian que las acusaciones inspiradas del profeta Isaías no eran exageradas, y que conservan su validez hasta nuestros tiempos.
Es necesario que estos porcentajes sean considerados a la luz de las tragedias y sufrimientos personales que encierran (no solamente de los responsables, sino de las víctimas inocentes) y no sólo como un simple conjunto estadístico de números impersonales.
Es indiscutible que la embriaguez ha empujado a los que la padecen a cometer toda clase de crímenes emocionales y físicos tanto contra ellos mismos como contra los que los rodean. Ha convertido a la persona en un esclavo que, perdida toda libertad individual, llegará hasta las acciones más irrazonables, con tal de conseguir más bebida cuando la necesite. Ha privado a tal individuo de su conocimiento y raciocinio humanos, y destruido su poder de hacer decisiones inteligentes. Tales ebrios, verdaderos "poseídos", crean a su vez un infierno ilimitado para ellos y los suyos.

EBRIOS POBRES Y EBRIOS RICOS
Tampoco debe pensarse únicamente en el pobre infortunado, carente de todo bien material, que entra y sale tambaleante de las cantinuchas de los barrios bajos de nuestras ciudades o poblaciones, para quedarse tirado después en la calle, sumido en su estupor alcohólico. Ellos no son los únicos a quienes se refería el profeta, o los sujetos de los incontables estudios científicos sobre el alcoholismo.
Es cierto que forman parte de las estadísticas actuales; pero no lo son menos que, por ejemplo, la dama de sociedad elegantemente ataviada, que recibe y atiende en suntuoso salón a personajes famosos, en un cóctel que luego es comentado en las columnas periodísticas sociales. Ella puede formar parte también de esas estadísticas. El hecho de que sus sirvientes tienen que llevarla hasta su lecho cuando ya está "mareada" por tantas bebidas que tomó... y llevarle a la mañana siguiente la bebida que ordena al despertar, la coloca en igualdad con el humilde ebrio, que despierta entumido en el arroyo de la calle donde cayó la noche anterior y tiene que buscar otra cantinucha abierta a esa hora temprana, para tomar una nueva "copita" que dará calor a su cuerpo y una ilusión de mejoría.
En su estado emocional, físico y espiritual, ambos son idénticos. Los dos son ebrios, porque fueron dominados por la sed del alcohol, y no consideraron la obra del Señor, ni demostraron ser poseedores de buen juicio. Ambos han creado su propio infierno y, peor aún, el de los que los rodean o dependen de ellos.

¿QUE ES UN EBRIO?
La embriaguez es un problema universal creciente. Los fabricantes de bebidas alcohólicas invierten cantidades fabulosas de dinero para presentar sus productos en las formas sociales y ambientes más atractivos. Por supuesto, que jamás revelarán cuántos seres humanos fueron destrozados social, moral y físicamente por esos mismos o parecidos productos.
La mayoría de las víctimas que sufren de esta maldición social o moral, tienen mucho empeño en negar que son alcohólicos. Afirman siempre que sólo en raras ocasiones "se les pasa la mano" al beber.
¿Quién es un ebrio, entonces? No importa si es uno que da grasa a los zapatos o vende periódicos; o si es abogado, o doctor, o miembro del clero (Sí, también los hay en esta clase, porque es bien sabido que en el país del Norte ya citado, hay varios monasterios sostenidos por una de las órdenes religiosas más grandes, para curar a sus sacerdotes alcohólicos). Todo hombre o mujer que deba forzosamente tomar una, o dos, o más copas, antes de la hora de comer a mediodía para tranquilizar sus nervios, y a volver a tomar bebidas alcohólicas en la cantidad que sea para poder dormir en la noche, esa persona es, indiscutiblemente, un ebrio. Probablemente no se tambalearán después de tomar sus copas, ni serán dominados por el estupor alcohólico; pero sus capacidades mentales y físicas ya están completamente dominadas por los efectos depresivos del alcohol.

¿COMO PUEDE AYUDAR AL ALCOHOLICO?
Unicamente cuando estas víctimas del alcohol reconozcan su problema ante ellos mismos, y se digan: "Soy un ebrio, y necesito que se me ayude". De otro modo su situación irá empeorando progresivamente y los llevará a la autodestrucción, así como a lastimar y aún destruir a otros en su proceso de desintegración. Aparte de la ayuda personal que estas personas pueden obtener de la comunidad cristiana y de Dios mismo, también existe ayuda médica para ellas. Me permito también sugerir a todas estas personas "enfermas incurables" si no se atienden, que busquen de inmediato al grupo de "Alcohólicos Anónimos" de su localidad, donde encontrarán la ayuda más efectiva, comprensiva y considerada que está al alcance de los que padecen esta tremenda adicción a las bebidas fuertes.

LA ACTITUD DEL CRISTIANO PARA CON EL ALCOHOLICO
Todo cristiano libre de este problema debe considerar a los que lo padecen como merecedores de toda clase de esfuerzos posibles para ayudarlos a salvarse de esa verdadera esclavitud. Aún cuando la reacción más natural sea la de repeler o enojarse contra ellos, por el mal que causan a otros inocentes, este repudio no lograra evitar sufrimientos de la víctima y los afectados por su vicio. Es indispensable que reconozcamos que la embriaguez es una enfermedad social y moral y que la Palabra de Dios enseña con toda claridad que los que la padecen han caído "en cautividad, porque no tienen conocimiento". Nuestro servicio para ellos debe ser, por lo tanto, el ayudarles a obtener el conocimiento de su condición, es decir su admisión de que son alcohólicos. Señalarles las consecuencias de su condición, y cómo pueden librarse de la esclavitud que se ha enseñoreado de sus mentes y sus cuerpos.
Entonces, no olvidemos que nuestro deber, nuestra tarea es ayudarlos a salvarse, y no condenarlos, ¡porque ellos mismos ya se han condenado al infierno en el que viven!
"¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor?
¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas?
¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos?
Para los que se detienen mucho en el vino,
Para los que van buscando la mistura.
No mires al vino cuando rojea,
Cuando resplandece su color en la copa,
Se entra suavemente;
Mas al fin como serpiente morderá,
Y como áspid dará dolor.
Tus ojos mirarán cosas extrañas,
Y tu corazón hablará perversidades,
Serás como el que yace en medio del mar,
O como el que está en la punta de un mastelero.
Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió;
Me azotaron, mas no lo sentí;
Cuando despertare, aún lo volveré a buscar".
(Proverbios 23.29-35)

(OTROS PASAJES BIBLICOS sobre la embriaguez para su estudio se encuentran en: 2 Samuel 11.13; Efesios 5.18; Prov. 23.20, 21; Isaías 24.20; 1 Cor. 5.11; 1 Cor. 6.10; Romanos 13.13; y Gálatas 5.21.)Jovenes Cristianos

miércoles, 17 de octubre de 2012

Quien era Cristo?

¿Quién era Cristo?

¿Quién era Cristo? Si les preguntásemos a los 7.000 millones de personas que habitan nuestro planeta ¿quién es Cristo?, descubriríamos que al menos 2.000 millones asociarían ese nombre con el fundador del cristianismo.
Si les formuláramos la misma pregunta a los cristianos, descubriríamos que muchos no podrían darnos una respuesta clara y otros proporcionarían una variedad de respuestas discordantes. Esta situación no debiera extrañarnos. Por ejemplo, si indagásemos quién es Barak Obama, nos encontraríamos con una situación similar.
Si las cosas son así, ¿podemos llegar a conocer a ciencia cierta quién es Cristo?
¿Podemos conocer a Cristo?
Sí, claro, podemos conocerlo como conocemos a otras personas: por medio de un encuentro personal o por el testimonio de quienes lo vieron y oyeron. Siendo que Cristo vivió hace unos dos mil años, para conocerlo necesitaremos el testimonio de quienes lo trataron personalmente. Afortunadamente, la Biblia proporciona el testimonio necesario para conocer a Cristo.
Cuando nos encontramos con alguien por primera vez, nos interesa saber de dónde viene y cuál es su ocupación. Saber de dónde viene nos dará a entender la historia de nuestro interlocutor y saber qué hace nos ayudará a entender su presente y futuro.

¿De dónde vino Cristo?
Cuando de niño me encontraba con otros niños por primera vez, nunca me preguntaban de dónde venía sino más bien quién era y qué hacía mi papá. Ahora de grande sí me preguntan de dónde vengo, especialmente por mi acento. Para conocer quién era Cristo es fundamental saber de dónde vino y quiénes fueron sus padres. En Nazaret, el pueblo donde Jesús vivía, todos sabían que el padre y la madre de Jesús eran José y María (S. Mateo 1:18). Sin embargo, José y María sabían que Jesús no era el hijo biológico de José sino del Dios creador del universo. Un ángel les explicó (S. Mateo 1:20-22; S. Lucas 1:26-35) que Jesús iba a ser el hijo de Dios y de María. Claramente, esto fue y continúa siendo un acontecimiento único en la historia del universo.
Durante su ministerio Jesús les explicó a sus discípulos que él no solo provenía del cielo (es decir, del lugar donde los ángeles viven y sirven a Dios; ver S. Juan 6:38; S. Juan 6:32, 33, 41, 42, 50, 51; 3:13, 31), sino que procedía del Padre, el Dios eterno, Creador del universo (S. Juan 7:29). Como siempre hay diferencias entre padres e hijos, Jesús afirmó que en su caso no había diferencia alguna entre su Padre y él. “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, explicó a Felipe (S. Juan 14:9). Sus discípulos entendieron y aceptaron de corazón esta revelación asombrosa, profunda y misteriosa, pero al mismo tiempo simple y maravillosa: Cristo es Dios en forma humana, completamente Dios y completamente hombre (Filipenses 2:5-8). Esta es la realidad sobre la cual se basa el cristianismo (S. Mateo 16:17, 18).

¿Qué hizo Cristo?
Para conocer a una persona no es suficiente saber de dónde procede. También necesitamos averiguar su historia. Por eso, antes de una entrevista el empleador necesita el resumen de la experiencia laboral del solicitante. Examinemos brevemente el resumen de la “experiencia laboral” de Cristo. Toda historia comienza al principio. Pero por ser Dios, Cristo no tuvo principio. Es más, él vivía ya antes de todo principio con una existencia eterna sin principio ni fin (S. Juan 8:58; Proverbios 8:22-31; Hebreos 13:8). No es sorprendente entonces que encontremos a Cristo en el evento más antiguo que registra la Biblia: el diseño divino del universo y del plan de la redención (S. Juan 17:24; Efesios 1:4; 1 Pedro 1:20). Luego encontramos a Cristo junto al Padre y al Espíritu Santo creando al universo y nuestro planeta (S. Juan 1:1-3). Más tarde lo encontramos habitando en santidad con su Padre y los ángeles (Job 38:4-7; S. Mateo 18:10; 24:36) en el cielo y luego con Adán y Eva.
Cuando, desafortunadamente, el pecado entró en el mundo hallamos a Cristo directamente involucrado en la ejecución del plan de salvación (Génesis 3:8-15). Cristo ha sido y es la presencia directa de Dios en el universo e incluso en nuestro mundo después de la entrada del pecado (S. Juan 1:18). Cristo habló con Moisés cara a cara y fue él quien le dio la ley de los Diez Mandamientos en el monte Sinaí. Pablo sabía que Cristo fue la roca espiritual de la cual los judíos bebieron en el desierto (1 Corintios 10:4-10).
Debido a que la revelación de Dios a través de Moisés fue solo verbal, indirecta, y parcial, Cristo se encarnó para revelar a Dios personal, directa y completamente. Asombrosamente, Cristo, el Dios eterno, infinito, santo y creador que habitaba en el Lugar Santísimo del Santuario pasó a habitar entre su pueblo (S. Juan 1:14). De esta forma, en el Cristo encarnado Dios nos habla personalmente y directamente para revelarnos su amor, su ley y su salvación. Nos invita a confiar en su palabra y entrar por fe en su reino (Apocalipsis 3:20).
Cristo hizo algo aún más sorprendente para salvarnos del pecado. Él se encarnó para morir en nuestro lugar. Para poder ser nuestro sustituto, Cristo “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15). Siendo que Cristo vivió una vida sin pecado y que la muerte es consecuencia del pecado (Romanos 6:23), queda claro que Cristo no debía morir. Por eso, literalmente, no murió porque él debía morir por su pecado sino en lugar del pecador (Romanos 5:8). Más aún, Cristo murió porque en su amor desea que vivamos de la manera en que él vivió. La muerte y vida de Cristo proveen los medios para que por la fe (S. Juan 3:16), todo ser humano pueda obedecer su ley de amor y libertad (Romanos 13:8-10; Santiago 1:25, 2:12).

¿Qué hace Cristo?
¿Qué hace Cristo hoy día? Después de su muerte, Cristo resucitó y ascendió al cielo con el cuerpo físico que recibió de su madre (Hechos 1:9-11) para reinar, ministrar, y juzgar junto con su Padre desde el trono del Santuario celestial. En resumen, desde el cielo Cristo trabaja continuamente para “salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios” (Hebreos 7:25). Esto significa que desde los cielos y por medio de sus palabras y hechos consignados en la Biblia, Cristo nos llama a entrar en su reino en el cual prevalece el orden espiritual inspirado por su ley de amor y libertad. Desde allí también perdona nuestros pecados cuando arrepentidos se lo pedimos en oración.

¿Qué hará Cristo?
Conocer a una persona íntimamente requiere que conozcamos sus planes para el futuro. Los planes de Cristo para el futuro son claros y maravillosos. Cristo ha prometido volver a la tierra en un futuro muy cercano (Apocalipsis 22:12). Su deseo es unir su vida personal y su familia celestial con los redimidos de todos los tiempos (S. Juan 14:1-3). Su venida será personal, corporal, histórica, universal, con gloria y majestad de tal forma que todo ojo le verá (Apocalipsis 1:7). En ese momento, la restauración espiritual que Cristo está operando desde los cielos como nuestro intercesor culminará con la restauración de su creación física original (Apocalipsis 21:1-4, 15).

Conclusión
Por medio del testimonio bíblico hemos visto que Cristo era, es, y será el eterno Hijo de Dios. Siendo el Creador del universo, se hizo hombre para revelar su amor y salvar a los hombres del pecado. Cristo reveló a Dios directa y personalmente, murió para redimir a todos los pecadores, resucitó, ascendió a los cielos donde intercede para salvar completamente a quienes lo aceptan por fe, y pronto volverá para restaurar esta tierra a su esplendor original y dar vida eterna a sus hijos e hijas fieles.
¿Qué harás con el Cristo viviente que desde el cielo te llama a través de sus enseñanzas y las promesas que encuentras en la Biblia? Te invito a aceptarlo de corazón y servirle con amor.

Autor: Fernando Canale
http://www.jovenes-cristianos.com/

viernes, 12 de octubre de 2012

El Arrepentimiento

Apreciado amigo:

¿Sabías que la mayor parte de tus sufrimientos y sinsabores no proviene del exterior, sino que se origina dentro de ti mismo?  Tus malos pensamientos y tus obras equivocadas dejan un sabor amargo en ti, y hacen que tu conciencia se convierta en una espina punzante que no te da reposo ni de día ni de noche.  Así los días suelen ser intranquilos y las noches largas.  La causa de esta situación anormal puede hallarse en los problemas que se originan a veces entre los seres humanos, o puede radicar en el pecado cometido contra Dios.

Mientras exista esta situación, en tu corazón no tendrás tranquilidad ni alegría.  Tu vida carecerá de incentivo.  La felicidad será algo lejano y desconocido.  En esas circunstancias cobran actualidad las palabras de la Biblia: "Estoy en angustia, se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo.  Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido” (Salmo 31:9-10).

Millones de personas viven en esta penosa situación.  Pero es menester que te liberes de ella.  Pues mientras el pecado siga gravitando en tu conciencia y ensombreciendo tu vida, no se vive de verdad.  Y lo confieses o no, íntimamente no te sentirás feliz.
A veces el hombre se aferra a sus debilidades y su pecado, y no solamente trata de ocultarlos y sostenerlos, sino hasta pretende justificarlos.

En los días del Pentecostés, Pedro presentó claramente el pecado del pueblo y demostró la necesidad de ordenar la vida para así poder ser salvos.  El apóstol no hablaba a grandes malhechores, cargados de negros pecados, ni se dirigía a quienes se hubiesen manchado las manos con sangre o se hubiesen apropiado de lo ajeno, o hubiesen, en fin, cometido delitos que no son los únicos que a veces suelen impresionarnos.  Hablaba a quienes se consideraban a sí mismos religiosos y creyentes en Dios.  Cuando los compungidos de corazón ante las palabras que habían escuchado, preguntaron: "Varones, hermanos, ¿qué haremos?” Pedro contestó: "Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:37-38).

Sólo de esta manera podían recibir el perdón de los pecados.  Es que todos los seres humanos somos pecadores, todos tenemos que pasar por el proceso presentado por el apóstol, es decir por el arrepentimiento.  Es la puerta que abre el camino a la eternidad. Es lo único que puede ofrecerte la posibilidad de liberarte de las cargas de la vida, de la tristeza, del dolor y del pecado.  Pero la Biblia habla del arrepentimiento y de remordimiento.  Porque entre lo uno y lo otro hay una diferencia fundamental.
Remordimiento fue lo que experimentó Judas después de haber traicionado a Jesús.  Su pesar no era saludable.  No se sintió compungido por lo que había hecho, sino que estaba horrorizado por las consecuencias que le sobrevendrían, fue de angustia hasta que por fin se quitó la vida.  Esto es lo que el apóstol llama "la tristeza del mundo", vale decir, que el remordimiento es de origen humano, y sólo "produce muerte" (2 Corintios 7:10).

Pero hay otro dolor que es según Dios, y que como la Biblia lo dice, obra "arrepentimiento para salvación".  El arrepentimiento es una profunda pena por el mal cometido, y conduce al abandono de ese mal.  David en su propia experiencia dijo: "Por tanto, confesaré mi maldad, y me contristaré por mi pecado" (Salmo 38:18).  Así, pues, el arrepentimiento es un profundo pesar por el pecado cometido en el pasado, y un sincero deseo de librarse de él y de vivir una vida mejor.  Este sentimiento conduce a confesarle a Dios las malas obras cometidas y a vivir con su ayuda, una vida nueva.

Si tú lo experimentas, el arrepentimiento significa una nueva existencia.  Implica comenzar un camino completamente nuevo y en dirección contraria a aquel cuando vivías en pecado.  ¿Que es difícil vivir una vida santificada?  ¿Que después de haber  hecho el mal durante muchos años cuesta hacer el bien?  Es verdad, y sería tarea completamente imposible si no contaras más que con tu propia fuerza o tu voluntad, pero el Señor te ofrece la ayuda de todo su poder y toda su fuerza.  Su presencia estará muy cerca de ti, y si quieres que él inicie el camino hacia el cielo después de haber entrado por la puerta del arrepentimiento.

Si el cielo dio a su Hijo para que muriera en la cruz a fin de salvarte, si realizó el sacrificio máximo ¿cómo no ha de estar junto a ti en los momentos en que lo necesites?  El apóstol Pablo, que había seguido los caminos del mal hasta que el arrepentimiento llamó a su corazón, y que vivió luego una vida ejemplar, dice: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13).

Cuando el Señor llame a tu corazón, debes abrirlo.  Y en este momento la Biblia te dice: "Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones" (Hebreos 3:7-8).  Endurecer el corazón cuando el arrepentimiento llama es sumamente peligroso, pues puede producirse lo que la Biblia llama el pecado imperdonable. Dijo el Señor Jesucristo: "Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, mas la blasfemia contra el Espíritu Santo no les será perdonada".  (Mateo 12:31).
Dios es misericordioso, pero también es cierto que no tolera el pecado.  Él te da toda clase de oportunidades y te ofrece su ayuda para librarte del mal.

Dios no desea tu perdición.  Lo que él espera es que dejes los caminos del error y marches por los suyos, rectos y ascendentes.  El Señor anhela librarte de la esclavitud del pecado y asfixia de tu conciencia.

Él te llama al arrepentimiento. ¿Abrirás tu corazón?   Busca mas en este lugar--------------->

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